sábado, junio 17, 2017

 

SÍNDROME TRUMP-DOWN



No escribiré mucho. Tampoco es necesario. Hasta un niño comprende la poca, o nula, sustancia gris que hay dentro de un cerebro que, sin embargo, piensa, emite y dicta "en puro color gris" para todo el Mundo. 



Solo invitaré a que lean dos flashazos que ha publicado el periódico donde trabajo (Invasor). 

Uno de ellos se titula Cinco conclusiones y la certeza hecha himno.

El otro, Si Trump quiere saber, que lea.

 

Y, antes de "irme del aire", reafirmaré cuánta visión, fino olfato y humor sigue teniendo mi amigo, hermano, Raffaele Testagrossa, un excelente italiano radicado en Las Tunas (oriente de Cuba), quien desbordó simpática y acertada imaginación, desde que el Señor Trump llegó a la presidencia del imperio norteamericano...




No me lo crean; observen ustedes mismos, y mismas, esta modesta obra en vidrio, de Raffaele, que muestra a un  flamante auto norteamericano con serios fallos de carburación en su orientación  hacia Cuba (trump, trump, trump...)



No digo nada más. No escribiré mucho. Tampoco es necesario. Hasta un niño entendería que no hay quien entienda lo que está pasando por el vacío espacio donde el presidente norteamericano debió llevar cerebro.

(Gracias Osval, por esa genial caricatura que he tomado sin tu permiso, Hermano)





viernes, junio 16, 2017

 

PAPÁ, NENÉ Y EL TIEMPO ETERNO




No me cansaré de decirlo: solo cuando tenemos hijos sabemos cuanto nos han querido nuestros padres.

Hace poco lo comentaba con un grupo de colegas. Los hijos son lo único verdaderamente nuestro. Lo único que en realidad tenemos.

“Tú no eres otra persona —le dije a mi retoño desde que él era muy pequeño—; porque eres un pedacito de mí mismo que se desprendió y sigue creciendo.”

Convencidos de que así es, conozco a hijos y padres que a la vuelta de innumerables calendarios continúan siendo un solo ser.

Sé de padres, tan desvelados en la madrugada como cualquier madre, solo porque la niña ha tosido o porque su respiración está ligeramente agitada.

Son, muchísimas veces, de padre las manos que embuten la cucharada o empinan el biberón de leche para que el niño se alimente, las que lo bañan, las que le anudan la pañoleta escolar o las que intercambian bate y guante de pelota, con él, en la explanada cercana a casa…

Sin menospreciar el rigor educativo de mamá, toca al “viejo”, casi siempre,  exigir, ser “el malito de la película” hogareña, ponerse duro y regañar, trazar y hacer cumplir las reglas de juego bajo el techo hogareño. Y toca al tiempo concederle tanta razón, que luego terminamos intentando hacer lo mismo, con quienes vienen detrás, sobre todo si aprendimos bien cada lección y somos agradecidos.

Por eso tampoco me cansaré de decir que más importante que el  día en que nací, es cada tercer domingo de junio, cuando miro atrás, veo a mi padre tan lindo como siempre y se llenan de oxígeno mis pulmones para seguir comiéndome al mundo por delante, con mi hijo mostrándome el camino.





miércoles, junio 14, 2017

 

EL CHE ALMORZÓ CON NOSOTROS




Tiene Majagua  el privilegio que desearían tener todos los poblados o municipios cubanos. Haber recibido al Comandante Ernesto Che Guevara  fue un acontecimiento que marcó para siempre a quienes viven allí.

Aparentemente sencilla, pero impresionante, una escultura ocupa espacio hoy en el lugar donde, en 1963, él almorzó con obreros del sector petrolero.

¿Testigos de aquel instante?

Por supuesto que los hay. Uno de ellos es Felipe Denes Barrios, Fillo, quien frecuentemente se siente invadido por los recuerdos de aquel día, cuando el Che, entonces ministro de industrias, visitó la fábrica donde los majagüenses procesaban frutas y vegetales.

“Deben haberle explicado el proceso de conservación del tomate, de la piña y de otras frutas —medita Fillo— pero lo que siempre acude a mi memoria fue el momento en que lo invitaron a almorzar en un comedor que tenían los petroleros aquí.

“Un compañero de nombre Felipe, a quien jocosamente la gente llamaba Pocajama, le había preparado una mesa, adornada con vasos y tazas…

“Mire Comandante —le dijo Felipe— esa es la mesa suya. Y sin pensarlo ni un segundo, el Che le respondió: No, mi mesa está en mi casa. Entonces le echó mano a una bandeja y fue para la pequeña cola que había, quedó entre Pedro Astengo y Bayoya, cogió el almuerzo y se sentó con los demás trabajadores.

“Al terminar, otro compañero llamado Carlos Placencia le trajo la cafetera, una taza y le sirvió, pero él no tomó; preguntó quién había preparado el café y al conocer que había sido el propio Carlos le dijo: pues usted es el primero el tomar.

“Según tengo entendido, ese día visitó los pozos de petróleo y allí también conversó con trabajadores y dirigentes del territorio. Lo que no imaginábamos en aquel entonces, ni en Majagua ni en ningún lugar de Cuba, era que cuatro años después lo perderíamos… solo físicamente, pero lo perderíamos. Qué clase de hombre. Cuántas enseñanzas nos dejó… a todos”




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