martes, noviembre 29, 2016

 

LÁGRIMAS A FIDEL SOBRE MI HOMBRO




La mujer que Reina en mis días ha llorado sobre mi hombro, trenzados en cuerpo y alma.

Mientras lo hacía no pronunció una sola palabra. Sus labios solo se abrieron para exhalar, en un suspiro incontrolable, una montaña de dolor.

Cabizbaja, una mujer detuvo sus lentos pasos, nos miró, tal vez intentó expresar alguna consoladora frase, pero, evidentemente, prefirió continuar caminando.

Acaso infirió el motivo de aquellas lágrimas. No reparé en su rostro. Mas, quién duda que también ella llevara humedad en la pupila.

Y aguanté. Aguanté del modo que se les recomienda a los hombres, desde niños, no llorar; hasta que los sollozos de mi amada se fueron tornando más suaves y espaciados.

En otras circunstancias, en otro momento, en otro lugar, le habría preguntado el porqué de tal llanto.
Esta vez no era necesario. A pocos metros de nosotros aún flotaba en el aire el beso que sus labios dejaron escapar ante la imagen de Fidel, después de poner a sus pies la flor que con más angustia ha depositado en sus 42 años de amor a la vida.


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