sábado, septiembre 17, 2016

 

REENCUENTRO





Ese joven que se detuvo, cuando vio a René González Sehwerert en pleno bulevar avileño, giró completamente en U y, con la modestia de sus bisabuelos, le pidió al Héroe cubano tomarse una foto, juntos…


Ese joven desconocido —que minutos después, cuando giré yo en U y le fui encima para saber su nombre—  aún tenía erizada la piel de los brazos… por abrasada emoción.

Ese joven que vino a Ciego de Ávila (desde Las Tunas, ¡vaya coincidencia!) quién sabe por qué motivo; tal vez en funciones de la empresa donde trabaja, DESOFT

Ese muchacho, que seguramente anoche, antes de acostarse, miró otra vez su imagen junto a René: la misma que enseñará orgulloso a amigos y familiares cuando regrese al oriente cubano…

Ese bendito muchacho me recuerda al Pastor Batista Valdés de los años 80… desde el corte del cabello hasta el pedacito de interior que, a la carrera, alcancé a verle, mientras anotaba su nombre (Yazmani Peña García) y por su rostro se derramaba esa luz natural de gratitud, que llevan dentro tantos seres humanos… tan cierta como el Sol.



 

Bienvenido Osvaldo







Quizás otro, u otra, hubiera sentido asombro. A mí lo que me provocó la noticia fue tremenda satisfacción.

Hacía apenas unos minutos, a mi amigo Osvaldo Sánchez Naranjo le habían entregado el carné del Partido.

¿Y eso qué tiene de extraordinario? —se preguntará usted.

Por supuesto que nada. Cientos, miles de cubanos, de distintas edades, sexo, origen, creencia, ubicación geográfica, nivel cultural... ingresan cada año a las filas del Partido Comunista de Cuba.

Solo que a Osvaldo no lo propusieron sus compañeros de oficio, o los de la cuadra donde vive, aunque es bueno reiterar que todos, al menos todos los consultados en distintos escenarios, respondieron con inequívocas muestras de alegría y de aprobación.

No. Con su medio siglo de calendarios en el costillar —tiempo suficiente como para ir prefiriendo ya más tiempo (de merecido descanso)— Osvaldo pidió, por voluntad muy propia, que la organización de base analizara la posibilidad de crecer con él.

¿Y tiene, realmente, eso algo de inaudito o de extraordinario? —podría preguntarse, otra vez, usted.

Y vuelvo a ofrecer criterio: No lo creo, aún cuando —y en ello coincidiremos— no son estos los casos que más abundan... a pesar de que estamos hablando de una vía, una posibilidad abierta a cualquier ciudadano, en cualquier parte de este país.

Pero el caso puede tornarse mucho más curioso e interesante, si se conoce que, por razones totalmente ajenas a su deseo, transparencia y voluntad, nuestro amigo había dejado de ser militante, años atrás, aunque en la práctica lo siguió siendo, en el ejercicio de la profesión, en formas y normas de comportamiento.

¿Qué pudo motivar a mi amigo para solicitar que se le hiciera el proceso, si así lo consideraba el núcleo de su centro de trabajo? ¿Aspiraciones de cargo? ¡Ni pensarlo!  Ya los tuvo y ni en aquel entonces ni ahora los ha buscado. ¿Proyectar una imagen más convincente o confiable? Tampoco, pues goza del respeto y del cariño de quienes le acompañan, así como de indiscutible confianza por parte de quienes lo dirigen. ¿Obtener algún otro beneficio? Quienes lo conocemos, bien sabemos que no.

El es, sencillamente, uno de los tantos avileños que sí cree en el Partido, ve y siente la necesidad de su existencia y de su fortalecimiento interno, uno de esos que llaman a las cosas y a las personas por su nombre, en el momento, forma y lugar adecuados.

Lástima que algunos y algunas no piensen ni actúen igual. Hablo de los, y las, que piden desactivación del Partido, casi siempre sin argumento propio y convincente, o de quienes esquivan el tránsito hacia su seno desde la Unión de Jóvenes Comunistas… como si la sociedad pudiera dirigirse sola, a ciegas, indiferente a sí misma o peor aún: fraccionada.

En fin, a esta hora nuestro claro amigo debe haber recibido numerosas felicitaciones, algún que otro chiste de cubana marca, bien intercalado, y quien sabe si hasta la socarrona risita exteriorizada por quienes, pidiendo pluripartidismo (desde ultramar), generando apatías y evocando otras “modernidades” tan viejas como la maldad que engendran, lamen la misma lengua que “raja” del Partido, con la esperanza de verlo partido en pedazos.

Por fortuna, hay mayoritaria claridad en Cuba acerca de ese asunto, hombres como Héctor Paz Alomar, ya jubilado pero puntal activo en su núcleo, o quienes, como Osvaldo, dicen: cuenten también conmigo, aquí estoy.

(Tomado de mí mismo en TVA)

viernes, septiembre 02, 2016

 

FIDEL EN ESTADOS UNIDOS




Las 17 imágenes que, tomadas por el lente de Roberto Chile, conforman la exposición Fidel es Fidel, continúan acaparando la atención en ciudades norteamericanas.

Despachos del Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos, divulgados por el Instituto Cubano de amistad con los Pueblos  (ICAP) adelantaron, desde hace varios días, la apertura de esa muestra en el Havana Cigars, de Atlanta, Georgia (3 al 15 de agosto), mientras en Hayward California podría ser apreciada desde los últimos días del propio mes.

Con patrocinio de la Alliance for Global Justice y del mancionado Comité Internacional, la expo sería inaugurada también en el Global Justice Center, de Tucson Arizona (viernes 26); para dar paso a Cork Factory, Baltimore Maryland (10 y 11 de Septiembre), y al Community Media Center of Marin San Rafael California,  9 de Diciembre.


Por su parte el sitio digital elcomunista.net afirma que aún están
por confirmar ciudades como San Franciso, Chicago, Nuevs York, San Diego, Berkeley, Pittsburgh, Milwaukee, y subraya los más de 600 intentos de atentados contra la vida del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, a quien califica como Heroico y Amado Líder.

Como se sabe, Fidel es Fidel, fue presentada el pasado 12 de Agosto, víspera del 90 cumpleaños del Líder histórico de la Revolución cubana, en el Parque Militar Morro Cabaña, de La Habana y llegará a numerosos países, entre los que están Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, China, Islas Canarias, Gran Bretaña y México.



lunes, agosto 22, 2016

 

QUÉ TÍO ESE HERMANO ALBERTO


El timbrazo. La noticia. Increíble no solo por inesperada; también, y sobre todo, por indeseable. No entiendo nada. Quedo totalmente en blanco en medio de la oscuridad. Vuelve a sucederme y no acabo de entender que la muerte es algo natural… pero contra, por qué ahora; pero contra, por qué Alberto.


Pienso en Zenaida, esa mitad y más de su vida entera; en  Albertico, el retoño; pienso en mamá, tronco y espiga; en los demás familiares… y no quiero verme en la piel de sus latidos, no muy distintos ni distantes de lo que late, ahora mismo, dentro de Paneque, allá en La Habana; de Róger, Julio César, Góngora u Oscarito, acá en Las Tunas y de muchísimos colegas, entrañablemente cercanos a pesar de las distancias del espacio y del tiempo… siempre tan relativos.


Y es que, sin izar ni bajar suposiciones, ondearán a media asta cientos, miles de recuerdos, instantes, agradecidas y aleccionadoras enseñanzas, en las vértebras mismas de un periodismo que Albertico (Rodríguez Fernández) supo vertebrar también  —y tan bien— allá por sus propios albores en el entonces, y todavía y siempre Oriente cubano; embarrado de tinta hasta la médula de la pasión noctámbula, en el gateo inicial informativo de la ahora Agencia Cubana de Noticias, en sus despachos desde despacho coreano, en las noches de desvelo y días de franco sueño que la vida le obsequió (o viceversa) en el periódico Granma, en su nada bohemio paso por Bohemia…


Mucho no sé, en detalle, de sus andanzas sobre el teclado. Jamás le oí conjugar verbo alguno en la primera persona de un singular que ahora, caramba, le concede bien merecida singularidad. Porque fue —y ya no dejará de ser— tecla donde situar mirada.


¿O por qué Adalys le lanzaba un SOS, desde la Upec, o Ramiro desde el periódico 26, y otros y otras desde diferentes escenarios, donde tantos y tantos festivales, encuentros o concursos requerían del conocimiento, el rigor y la imparcialidad hechos persona?


Sí. La vida me permitió acercarme a él un día. Como finito subordinado en el despegue, como amigo en lo infinito para jamás aterrizar forzosamente en las pistas del olvido o de la indiferencia. Y cuánto lo agradezco, en nombre de todos los agradecidos y de todas las agradecidas de este gremio y más allá de él.


¡Qué clase de tío hemos perdido! –diría un bisoño. ¿Qué clase de tío hemos ganado! —podemos, con total orgullo, decir todos. No un tío cualquiera, sino ese Tío Alberto que, como el de Joan Manuel Serrat, “da todo lo que puede dar, su puerta está de par en par, quien quiera entrar tiene un plato en la mesa… El que conserva ¿verdad Zena?  de un niño la ternura, de un poeta la locura, aún sabe sonreír y siempre creerá en el Amor… tío, hermano, Alberto.



miércoles, agosto 17, 2016

 

EL TIMONEL DE MI REINA


Lamentablemente, el tiempo no me dio un pedazo de sí mismo para conocerte. Y te llevó, sin previo aviso ni autorización si quiera familiar, mucho antes de que yo pudiera entrar en tu mundo y tú en mi horizonte de vida.

¡Y pensar que allá por el año 1988 debimos, coincidente y quizás hasta necesariamente, cruzarnos!; tal vez en las entonces sucias y maltrechas calles de casi toda Luanda, en las no menos dañadas carreteras de un país destruido por injusta guerra, con cornetas y billetes haciendo, desde fuera, la misma labor del cáncer intestinal.

¡Claro que debimos cruzarnos!... quién sabe si hasta coincidir en alguna de las obras que, “rompiendo montes y valles, subiendo el mar a los ríos, bajando hasta mil montañas” (Oh Silvio) dejaban a su paso aquellos hombres de tez bronceada por el sol y cascos tan blancos como palomas de paz, sobre la sufrida y hermana piel de la República Popular de Angola.

¿Cómo no te encontré, compadre, para que me tildaras de loco, anticipándote el abrazo que hoy no puedo darle más que a esa foto, donde estás junto al camión que cuidabas más que a ti mismo?

¿Cómo no encontrarte, entonces, para pedirte, desde el fondo de tus dos niñas (más importantes para ti que las niñas mismas de tus claros ojos) un poco más de cuidado a tu salud, menos desgaste físico, más horas de sueño, menos polvo penetrando por esas vías respiratorias que siempre desafiaron el humo del cigarro y la ceniza del tiempo y que, después, el propio tiempo terminó convirtiendo en ceniza?

Fueron tres misiones, Gran Ricardo. Tres veces Sí. Tres veces, cuenten conmigo. Tres veces, aquí estoy… Al sur del volante, al norte del sendero real y verdadero, embragando amaneceres, o sin freno noche adentro, muy adentro.

Quizás jamás se lo confesaste a esa Dulce mujer que te esperó, siempre segura, no sin temores, y que hace apenas unos días partió a reencontrarse, por y para siempre, contigo.

Pero a mí, sin conocerte y conociéndote al dedillo, no me lo puedes negar. Sé del agotamiento físico tan bien disimulado en la esporádica sonrisa o en la prevaleciente seriedad de aquellas imágenes congeladas a punta de lente fotográfico; sé del traicionero cigarro ahuyentando el canto de sirenas emitido, a deshora, por la almohada; sé del “aliviante” sorbo de bagaceira y hasta del tribal y trivial coporoto aprovechándose de la ingenuidad del paladar.

¿O caso piensas que fuiste la exclusividad?  Bien sabes —porque siempre supiste— que no. Nada te diferenció de los cientos de choferes, conductores, operadores de equipos pesados… que allí se disputaron, como solo pueden hacerlo los hermanos, el peso dignísimo de aquella indiscutible epopeya.

Porque, además, nada te hizo, humana, patriótica y cubanamente, distinto a los más de 300 mil hombres y mujeres de esta tierra que, a lo largo de tres lustros, dejaron a sus Reinas y a sus Príncipes para arriesgar la vida por defender el derecho a la vida en Angola.

Solo que tú, Indio de pantalón mecánico o de manhattan cubriendo tu masculino pelo en pecho; Indio de ancha patilla mentón abajo y de finísima caricia dedo en piel arriba, fuiste y regresaste tres veces… y, desde algún etéreo lugar, aún sigues dispuesto a ir otra y otra vez, en otros cuerpos.

Por eso estoy embragando, compadre, el abrazo que, como tú, tanto merecen tantos. Ayer, como te dije, el tiempo nos privó de un pedazo de sí mismo, para hacerlo realidad. Ahora solo permíteme cerrar bien duro los ojos y engañarme, quizás por vez primera, haciéndome creer, como un niño, que los hombres nunca lloramos.




domingo, julio 24, 2016

 

FORTUNA




Hace días que no entraba a mi espacio personal. 

El tiempo, implacable, me ha llevado de prisa. 

Siento, sin embargo, el placer de volver a hacerlo ahora, con este hermoso recuerdo que he encontrado, deshojando mis propios calendarios.
Es algo que escribí en Sancti-Spíritus hace tres lustros, en febrero de 2001.
Recuerdo que habíamos llegado de madrugada a la casa de mi madre luego de un agotador viaje y dejé el carro en plena calle. Al despertar, en la mañana, mi pequeño hijo Félix Daniel decidió moverlo hacia el patio del edificio, a fin de protegerlo del inclemente sol. Todo anduvo bien hasta que, en marcha atrás, le rozó un guardafango trasero con algo de metal. Puedo imaginar cuánto dolor circuló por su interior entre ese instante y el momento en que desperté, horas después.

Al conocer y ver lo sucedido solo atiné a sonreír y, mirándole a los ojos, como siempre hablamos, le dije: “Eso pudo sucederme a mí también, Tatico; por tanto no debes preocuparte. Ya resolveremos el pequeño rayón. Tú vales mil veces más que todo el oro del mundo. No quiero verte triste. Dame un beso y ¡Palante!

Un rato después mi mano “rayaba”, sobre un papel, las líneas que acabo de reencontrar y que pongo al alcance de quienes han vivido una experiencia similar, cuando un hijo o hija (los mejores del mundo) dañan sin querer algo material en casa:

FORTUNA 

Que ese simple rasguño
en metálica epidermis
no te rasgue el pecho a ti
Príncipe mío;
aún está por nacer
quien pueda ponerle precio
a una sola de tus lágrimas
o tasar tu más fugaz
instante de tristeza.
Me niego pues a que el dolor
te roce apenas la mejilla;
no hay medida a tu medida en este mundo
ni en el Universo más riqueza material
que la que llevas dentro.
Intacta.

(Las Tunas, 26 de febrero del 2001)

miércoles, junio 08, 2016

 

CUANDO UN COLEGA SE NOS VA




Cuando un colega, hombre o mujer, se  nos va; sin previo aviso, sin más motivo que la cruel e imprevista zancadilla del mal llamado destino, unas veces con manto natural, otras, arropado de imprudencia con segundos o terceros rostros… a todos nos parece incierto. Así es de cierto.

  
Cuando alguien como Yaumara Hernández Cervantes, subdirectora de información y programación en RadioChambas,  se nos va, en trágico accidente de tránsito (a la muerte) las gargantas se vuelven un nudo y entonces nadie quiere hablar en medio de la asamblea que, en ese instante, congrega a periodistas, fotógrafos, camarógrafos, sonidistas, directivos del sector...

E, insuficiente, la tercera planta del hospital de Morón semeja un cascaron de nuez. Y, sin conocer a la periodista accidentada, aquella empleada de recepción lamenta no haber estudiado neurocirugía, para estar allá adentro, también, bajo la luz del quirófano, batiéndose a muerte contra la muerte, a favor de esa vida en flor.

Cuando, sin previo indicio, nos dice adiós alguien que día tras día ha entrado por el sonoro tímpano radial de cada hogar, entonces hasta la amplia funeraria puede sentirse reducida. 
Y la gente se derrama, desde distintas partes, para confluir en el vértice de un dolor que hace astillas el molde de lo sanguíneo o familiar.

Y Antonio Moltó, el presidente de los periodistas cubanos, se revuelve inquieto, allá en La Habana, mientras llama y llama, porque si bien ninguna voz devuelve vida, sí puede infundir y entregar aliento para seguir viviendo.

Por ello, de la propia Unión dePeriodistas de Cuba, del Instituto Cubano de Radio y Televisión, de emisoras y medios de prensa nacionales, provinciales y municipales, de las siempre enredadas redes sociales… mana el latido.

Y el Buró Provincial del Partido pospone su coincidente análisis acerca de la eficacia informativa en el territorio, mientras el pulso del Primer Secretario y de otros cuadros políticos y administrativos marca pasos a ritmo de lectores, reporteros, periodistas, junto a Yaumara.

Y el pueblo se aprieta en un solo eslabón. Y su pequeña emisora se encadena para eslabonarse al Surco radial de la provincia. Y a la sombra de un árbol, sobre un tranquilo banco, la brisa le arranca a un bolígrafo lo que destilaría ese mismo puntero, en cualquiera de las manos que le dan vida, en todo el país, a un gremio como el nuestro… cuando un o una colega se nos va.

(Original en periódico Invasor)


jueves, junio 02, 2016

 

OTRO Y OTRO NO


 Al aprobar por unanimidad, en días pasados, una Resolución que llama a poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba durante más de medio siglo, el Ayuntamiento de la ciudad de Oakland, California, deja ante el mundo clara evidencia acerca de cuán improcedente ven los propios norteamericanos esa obsoleta política.


De acuerdo con un despacho difundido por el Comité Internacional Paz, Justicia y Dignidad a los Pueblos, además de reiterar el carácter injusto del bloqueo, la mencionada Resolución ofrece apoyo oficial por parte del Ayuntamiento a favor de legislaciones pendientes en la Cámara de Representantes y en el Senado, que podrían poner fin a la mencionada situación y abrir cauce a los viajes, relaciones de comercio y otras actividades entre ambos países.


Con más de 400 mil habitantes, Oakland se suma a otras ciudades como Richmond y Berkeley, cuyos ayuntamientos aprobaron anteriormente resoluciones similares —subraya el comunicado.


En opinión de Helene Maxwell, residente allí, ese paso “puede servir de modelo para que gobiernos locales de todo el país envíen un claro mensaje a Washington, a fin de levantar el embargo (bloqueo) contra Cuba”, porque, “ya es hora de reparar los efectos negativos en el pueblo cubano de esta política destructiva de más de cincuenta años”.


Tras afirmar que esa posición no es exclusiva de quienes habitan el área de San Francisco, en el norte de California, sino que está presente en muchos estadounidenses de otros estados, regiones y en todo el mundo,  el despacho del Comité Internacional recuerda que Cuba nunca ha amenazado a los Estados Unidos y que desea avanzar en las relaciones entre ambos países, sobre la base del respeto a la soberanía y al derecho que tienen los cubanos a construir una sociedad sin bloqueo y sin daños ni interferencias.


(Tomado de Televisión Avileña)

sábado, abril 30, 2016

 

TENEMOS




Otra vez los números, en equivalencia a lo humano in situ, formarán cifras de cinco y  hasta seis dígitos consecutivos sobre laa Plazas , a medida que sobre ellas avancen miles de cubanos, este primer día de mayo.

¿Fruto de convocatoria? 





Claro que sí. La CTC y sus sindicatos han vuelto a convocar, no solo a los trabajadores. ¿Quién podría impedirles ese derecho de participación a padres, madres, abuelos, esposas, hijos, nietos, sobrinos, amigos, vecinos… incluidos aquellos y aquellas que se pueden dar, incluso, el privilegiado lujo de vivir, y hasta morir un día, “sin disparar un chícharo”?


Ahí, por cierto, aflora una de las marcadas diferencias entre quienes desfilarán este domingo en toda Cuba, con respecto a millones de personas, más allá de “nuestras aguas y realidades jurisdiccionales”.

Hace unas horas ojeaba el ciberespacio a golpe de clic digital y es preocupante el panorama laboral de un mundo que, de acuerdo con un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre perspectivas sociales y del empleo, debe registrar este año 199,4 millones de desempleados, con tendencia a continuar aumentando.

Tal y como ha apuntado Crhistine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, si todos esos desempleados, juntos, formaran un Estado, sería el quinto país más poblado del orbe

Tal situación —cada vez más agravada por una crisis económica que los cubanos no percibimos como otros habitantes del llamado tercer mundo— se torna más lamentable aún cuando las estadísticas indican que de cada diez personas sin empleo seis son jóvenes, según ha reproducido el sitio Cubadebate citando a Prensa Latina.

De modo que entre las cosas que demandarán este domingo millones de personas, incluso en naciones desarrolladas, obviamente estará el empleo… para subsistir.

No es ese, desde luego, el entorno de una provincia como Ciego de Ávila, en la que actualmente vivo, donde, si bien hay que resolver numerosos asuntos materiales y productivos en aras de una satisfacción más elevada de necesidades básicas del ser humano, nadie va un primero de mayo a la plaza a pedir trabajo.

En el país faltan muchas de las opciones que tuvimos treinta o cuarenta años atrás, pero no tanto como para quedar sin rumbo laboral. Y no pienso solo en lo que ofrecen la agricultura, la construcción y otros sectores no siempre “gratos” a todo el que solicita trabajo. Pienso en la puerta que abre la ocupación por cuenta propia, aún con todos los nudos e imperfecciones que será preciso limar, cuánto antes par avanzar más y mejor.

En fin, puede usted coincidir o discrepar, pero, conociendo como conozco a mi (tu, nuestra) gente, dudo que alguien desfile esta vez con una expresión diferente a la que, en alegría, le (te, nos) ha bañado el rostro durante todos estos años.

Porque, nos faltan —insisto— muchísimas cosas; nadie lo niega, pero como tal vez diría hoy en el contexto avileño el poeta Nacional Nicolás Guillén: Tengo, vamos a ver, tengo (favorables indicadores económicos, una zafra que apunta a coronar plan, una agricultura nacionalmente fuerte, trabajo, salud, aulas, teatros, tigres, búfalos, playas, parques, derechos, tranquilidad ciudadana…) Tengo lo que tenía que tener.



lunes, abril 18, 2016

 

ESTHER, UNA MARIPOSA...



Aunque vivió aparentemente mucho tiempo (105 años), el fallecimiento,ayer domingo, de Esther Montes de Oca, madre de los Hermanos Saíz, me parece tan prematuro aún como familiar la estela interna de dolor en mí.



Tierna como una mariposita la vi, más de una vez, mientras recibía a infinidad de personas que visitaban su casa, convertida en uno de los museos más conmovedores que he visto a lo largo de mis casi 55 mayos.


Sufridamente tierna vimos a Esther miles de cubanos, mientras escuchaba, conversaba, rememoraba y, sin denotarlo, gemía, acomodada sobre un suspiro, allí, en el pequeño patio del hogar, en la modesta sala, en la habitación que conserva intactas no solo las pertenencias de Sergio y Luis, sino también la tranquila respiración y el inquieto sueño de ambos.



Nunca dejó de sentir la punzada que, pecho adentro y sin fin, le dejó el vil asesinato de sus dos retoños, apenas en flor aún, aquel 13 de agosto de 1957, a manos de un esbirro, armado y desalmado, de la dictadura batistiana.


¿Motivo para ultimarlos a balazos? Increíble: solo pretendían honrar el cumpleaños de Fidel.


“No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros” —le habían dicho ambos a Esther, casi en un susurro, antes de salir hacia la calle.



Minutos después la desesperada frase popular le abriría, cual hachazo y para siempre, en dos, el pecho: “¡Mataron a Sergio y a Luisito! ¡Mataron a los hermanos Saíz!...


San Juan y Martínez,  todo, se retorció en un grito de dolor. Esther creyó morir en vida. Pero jamás les dio tal gusto a los sicarios a sueldo del tirano. Sabía, por demás, que sus dos niños nunca le habrían perdonado una partida anticipada.


Por eso, lejos de posarse inmóvil en el tiempo, ayer domingo la imaginé emprendiendo delicado vuelo, una vez más, con alas de blanca mariposa, hacia el reencuentro eterno con esos dos retoños que le dio la vida a ella y que, en gratitud, puso ella en manos de la propia vida, para orgullo y bien de todos.


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