viernes, enero 13, 2017

 

LA HORA DE LOS CARBONEROS




Muy bien le viene a Ciego de Ávila  —como a toda Cuba— el acuerdo firmado recientemente entre la empresa cubana CubaExport y la estadounidense Coabana Trading LLC, que permitirá exportar hacia esa poderosa nación productos como el carbón vegetal, miel y café, entre otros.

De hecho, tal y como adelantó Cubadebate, en apenas unos días (18 de enero) “llegarán al país norteamericano 40 toneladas de ese producto”, en lo que constituirá “la primera exportación efectiva que Cuba realiza a los Estados Unidos en cinco décadas”.

Por cierto, según la propia información, se ha pactado un precio de 420 dólares la tonelada, monto superior al que habitualmente ha prevalecido en las ventas cubanas de ese renglón exportable en el mercado internacional: entre 340 y 380 dólares.

Puede ensancharse, por tanto, ese espacio generador de ingresos para la nación, con amplias posibilidades para territorios como el avileño: uno de los de mayor actividad en torno a la producción de carbón vegetal, sobre todo a partir del uso del marabú.

Baste conocer que solo la Empresa Agroindustrial Ceballos, en los once años transcurridos desde que inició esa línea, ha exportado más de 204 300 toneladas de un carbón de alta calidad, hacia naciones como Italia, Grecia, Portugal, Arabia Saudita, España, el Reino Unido, Siria, Turquía e Israel.

Las ventajas, sin embargo, no solo se circunscriben al terreno de la comercialización en el exterior y a sus beneficios en el orden financiero. Esta puede ser, a la vez, oportuna alternativa para acelerar la cruzada contra la expansión que ha tenido el marabú, básicamente a lo largo de las últimas tres décadas, durante las cuales ha infectado grandes extensiones de tierra que antes estuvieron dedicadas a la producción de cultivos varios, ganadería, caña de azúcar y otras actividades similares.

Bienvenido pues ese acuerdo, que en la práctica “carboniza” un pedacito más del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto desde hace más de media centuria por los Estados Unidos contra el Gobierno y el pueblo cubanos. 
 
(Escrito para la Televisión Avileña y retomada para este espacio)

 

jueves, diciembre 29, 2016

 

LAS INICIALES DE TU NOMBRE





Sin una sola mano alzada en contra, sin una abstención, la Asamblea Nacional del Poder Popular acaba de aprobar una Ley sobre el uso y la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en libre ejercicio de un voto que respalda, desde el fondo mismo del pueblo, la “última” voluntad del Líder histórico de la Revolución cubana.

Ninguna escuela, hospital, institución científica, fábrica, teatro, avenida… nada llevará su nombre.

Tampoco habrá bustos, esculturas, estatuas, monumentos.

Era de esperar así —admitieron varios diputados, en alusión clara y directa a la modestia y a la grandeza de un hombre fuera de época, que le entregó a su pueblo (nosotros, sin excepción) toda su inteligencia, toda su capacidad, todo su tiempo y más, a cambio de nada material o personalmente trascendente.

Mientras Eusebio Leal habla, en lírica prosa, miro a los agradecidos que colman la amplia sala del Palacio de las Convenciones y en sus rostros y miradas, en el silencio solemne y en la escucha casi ceremonial, puedo leer lo que, sentados ahí mismo, dirían los operadores de combinadas, obreros agrícolas, campesinos, trabajadores de las industrias, maestros, médicos, choferes, albañiles, ingenieros, miembros de las FAR y del MININT, trabajadores por cuenta propia, amas de casa, jubilados… que eligieron a este Parlamento.

Y me convenzo, aún más, de que no será necesario ponerle a escuela alguna el nombre de Fidel, porque en cada centro de educación (hospital, industria, área deportiva, teatro, plaza, campo, playa, hotel, plantación, bosque, guardaraya) Fidel es presencia, nombre propio, más allá de las iniciales escritas de su nombre tan común entre nosotros, y entre vosotros: hasta quienes llegó en otras latitudes, idiomas y culturas.

… del mismo modo que no es preciso cambiar los cuatro caracteres que dan nombre a este país, para sentir y saber que él, de Punta a Cabo, es Fidel, sin más culto que el de la obra y el de la unidad que cada cubano deberá moldear y moldearse hacia dentro, donde quiera que el culto vano a la palabra pretenda un pelo asomar.

… para que —como dijo Miguel Barnet— la aprobación de esa Ley continúe siendo el abrazo que Cuba entera le de siempre al Comandante, y para que nunca pierda expresión concreta y real el punto de vista expresado por Raúl cuando, acerca de ese asunto, dijo, también ante el Parlamento:

“La mejor manera de honrarlo (cada quien) es meditando: ¿he cumplido con lo que a mi me toca, día a día?... es hacer realidad, cada día, los postulados contenidos en su brillante Concepto de Revolución.”

Ahí están las verdaderas iniciales de ese nombre, cuyas cinco letras, en línea, fueron, son y van a seguir siendo, presencia sin límite de tiempo ni de espacio… porque él lo merece, porque para los cubanos y para la historia no puede ser ya de otro modo.



sábado, diciembre 17, 2016

 

FIDEL Y RAÚL SE VUELVEN A ABRAZAR EN CINCO PALMAS




Sé que le resultará inevitable. Sesenta años después, este 18 de diciembre, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, va a recordar (y a sentir) durante todo el día, aquel abrazo con Fidel en Cinco Palmas, Purial de Vicana, pleno corazón de la Sierra Maestra.


No fue un abrazo cualquiera, no el abrazo de cuando se reencontraban, tal vez luego de unas vacaciones escolares o a modo de despedida, o de recibimiento, adultos ya, al pie de la escalerilla de la nave de Cubana de Aviación…

No; aquel fue, posiblemente, el abrazo más profundo y entero de ambos hermanos, al coincidir, por fin otra vez, luego de 16 días de incierta pero segura marcha por la cordillera montañosa, perseguidos por poderosas fuerzas militares del ejército batistiano decididas a liquidar a cuanto expedicionario del yate Granma encontraran a su paso, tras la dispersión que siguió al revés sufrido por los jóvenes revolucionarios en las adversas condiciones de Alegría de Pío.

Dieciséis días en los que Fidel, con Faustino Pérez y Universo Sánchez, por un lado, y Raúl, acompañado finalmente por Efigenio Ameijeiras, Ciro Redondo, Rene Rodríguez y Armando Rodríguez, por otro, habían burlado el cerco atenazador de la muerte, más por obra de las convicciones que por gracia del aparente milagro.

Puedo imaginar la fatiga física de pies a estómago y cabeza, el sueño royendo hasta los rincones inconscientes del cerebro, la sed desbocada, la caña como único alimento inicial para engañar al hambre… y por encima de todo eso —¡vaya hermosa necedad!— la confianza en el triunfo que, no obstante, ya sobrevenía, irrespetando las agujas del reloj, restándole días al calendario.

E imagino, también, lo que se siente en tales circunstancias, cuando el humilde y desconocido guajiro se quita y le quita a su familia el “bocado” que tienen de comer,  para entregárselo a aquel “buchito” de hombres empeñados en cambiar los ejes —y de hecho el rumbo— de la historia.
Por eso, emergen cada vez más nombres junto a los de Adrián y Guillermo García (padre e hijo), Daniel Hidalgo, Cota Coello, los hermanos Tejeda, Marcial Areviches, Baldomero Cedeño, Crescencio Amaya, Julián Morales, Luis Cedeño, Mongo Pérez, Hermes Cardero, Crescencio y Primitivo Pérez…

¿Cuándo halló la soldadesca del dictador Fulgencio Batista respuesta igual? Jamás.

Dieciséis días que dieron al traste con aquel abrazo tan fuerte como la historia. Y entonces la pregunta de Fidel, en medio de la noche: ¿Cuántos fusiles traes? Y la respuesta de Raúl: Cinco. 

Y dos que tengo yo, siete (otra vez el Comandante)

Y la frase que dejó perplejos a los presentes (y sin voz ni futuro al régimen opresor): ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Y yo, que vi y viví la reedición de aquel abrazo, treinta años después (diciembre de 1986), exactamente en el mismo lugar, no puedo evitarme desprender estos apuntes de lo escrito por protagonistas e investigadores  … como tampoco puedo dejar en alguna tranquila carpeta de mi computadora la foto que acompaña a este breve texto: una de las tomadas con una gastada camarita Zenit, rusa, aquel día, cuando el abrazo de Fidel y de Raúl volvió a estremecer, en peso, a la Sierra Maestra toda.

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