miércoles, junio 17, 2015

 

EL OLIMPO DE ZEUS

Apuntes para escalar, desde el fondo de una jovencita, la cima de millones de personas que entregan y reciben de su mascota la más humana sensibilidad 

El deseo de fundirse en un interminable abrazo con Nancy, su mamá, rayaba en desesperación a medida que el ómnibus se aproximaba a Las Tunas, procedente de la capital cubana. Atrás había quedado el primer año de entrega y aprendizaje, de aportes y vivencias, entre ese sufrido pueblo que venera y sigue a Evo, allá en el multinacional, multi-digno y multi-hermoso estado de Bolivia.

Jamás se habían separado tanto tiempo madre e hija. Y eso se siente. Otro afectivo sentimiento, sin embargo, reforzaba la añoranza de estar otra vez en casa. Zeus, su eterno Zeus, la llamaba a gritos desde el olimpo (edén, paraíso, altar) que a fuerza de una ternura e inteligencia casi humanas se había ganado él entre familiares y vecinos.

Por eso, a diferencia de quienes corren a desempacar maletas para mostrar y obsequiar presentes materiales, apenas Nancyta y mamá Nancy se desprendieron de aquel abrazo sin fin, la muchacha corrió a buscar el tesoro que había traído consigo: una hermosa ampliación, a modo de afiche o de pendón, con la imagen de Zeus, para colgarla en el espacio más estelar de la sala.

DIOS Y DUEÑO DE LA CASA
 
“Desde que lo vi, pequeño como un juguete, allá en Puerto Padre, en el año 2007, él se convirtió en eso: mi Zeus, mi Dios. Habían nacido varios hermanitos, pero fue él quien vino corriendo enseguida hacia donde yo estaba, quien sabe si suplicándome que lo llevara conmigo. Y lo hice. Recuerdo que ni protestó. Han pasado ocho años y todavía me sorprende el modo en que durmió esa primera noche en mi casa, sin extrañar, sin gemir… como si realmente hubiera nacido allí, como si fuera el dueño de la casa. Y es que, en verdad, lo fue desde aquel mismo primer día.”

“Juguetón a más no poder, pero muy obediente y disciplinado. Nunca vi un animalito más fiel, tierno y cariñoso. Frente a nuestra casa vive Kamila: una niña que siempre pareció un granito de maíz. Ella y Zeus llegaron a ser grandes amigos. Recuerdo que ella venía a jugar con él, le metía el diminuto pie dentro de la boca y él se mantenía así hasta que ella volviera a sacarlo.

¿Otra característica de él? Su envidiable apetito. Por cierto, más de una vez excedió límites. A menudo acude a mi memoria el día en que, por goloso, en un descuido nuestro engulló una cebolla picante, enterita. En otra ocasión dio cuenta de casi cuatro libras de queso que habíamos molido para preparar una receta familiar. Por poco muere a causa de la indigestión, estuvo muy mal durante semanas, ni agua podía tomar prácticamente. El médico pensó que se trataba de una obstrucción intestinal. Agotadas otras alternativas, hubo que operarlo. Podrás imaginar que, como consecuencia del mal rato, terminó haciéndole una intolerancia total al queso.”

FEROZ COMO UN BEBITO

Imposible pasar por la acera y no sorprenderse con la recia “personalidad” de un ejemplar así, dotado de impresionante pecho, potentes patas, robusto cuello, rápidos movimientos, mirada penetrante, inmensa lengua y afilados colmillos.


Tal impresión siempre vino muy bien, sobre todo para aconsejar a maleantes y ladronzuelos de pacotilla. “Pero en el fondo Zeus no dejó de ser, jamás, un bebito, incapaz de agredir o de hacerle daño a alguien, sin razón alguna.

“La vida me lo arrancó cuando apenas había vivido siete años. No me gusta hablar de eso. Jamás olvidaré esa etapa final, la tristeza de su mirada. Yo le palpaba algo duro cercano al estómago. Hubo que volver a operarlo. Tenía un testículo sobrecrecido hacia dentro. Al extirpárselo medía una libra y media. Nunca se recuperó totalmente. El barrio entero estaba pendiente de él. No solo era la mascota de todos; fue un verdadero personaje, un embajador de la alegría.

“Cuando partí hacia Bolivia se me pudo haber quedado determinada ropa, un creyón labial, incluso algún documento… pero sus fotos no. Imposible cargar con él en carne, huesos y ocurrencias. Pero con su recuerdo y con su imagen, sí. Eso se lo agradeceré siempre al lente de mi suegro: en verdad mi otro y eterno padre.

“Un día decidí hacerle una ampliación fotográfica. Él merece esa deferencia y mucho más. Quienes tenemos mascotas sabemos cuán fuerte es la relación de cariño que llega a establecerse entre ambas partes. Los animales necesitan recibir y también entregar amor. No es otra cosa, nadie se engañe: es eso, es amor. Zeus adivinaba mi estado de ánimo. Si me veía triste, deprimida o preocupaba venía en silencio hasta mi lado, se echaba al piso, junto a mí, ponía una pata suya encima de mi mano y permanecía así largo rato.

“Jamás podré entender cómo hay personas que rechazan o maltratan a las mascotas y a los animales en general. Una mascota puede convertirse en fuente de motivación, de aliento y hasta en razón de ser para millones de personas. Por eso tengo ahora a Hera, hermana de Zeus. Y por eso él sigue aquí, dentro mi pecho y fuera de él: en ese olimpo erigido a su eterna presencia en el espacio más calido de las paredes de mi hogar.”


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