lunes, noviembre 03, 2014

 

OBREROS, AQUÍ ESTÁ MELLA


Hace unos minutos, Reina Torres Pérez -mi indispensable compañera de vida- me ha sorprendido con uno de esos apuntes que sostienen y engrandecen a ras de hogar y de familia algo tan valioso y necesario como la memoria histórica.

Lo escrito por ella tiene que ver con la labor de Julio Antonio Mella en torno a la fundación de una Universidad a la que pudiera acceder la clase obrera cubana.

Comparto con ustedes, amigas y amigos, ese texto originalmente titulado UNA UNIVERSIDAD PARA TODOS:


Finalizaba el mes de octubre. Recién había concluido el Congreso Nacional de Estudiantes. Varios fueron los acuerdos tomados y entre ellos uno se materializaría transcurridos solo unos días: crear una universidad en la que la clase obrera se instruyera, como lo que era, la más revolucionaria. Así la habían definido los clásicos del Marxismo.  


Instruir para alcanzar justicia social. Ese era el propósito de sus precursores. De ahí que las materias abarcaran desde clases para analfabetos y la impartición del nivel primario de enseñanza, hasta conocimientos sobre la legislación obrera vigente para que los trabajadores aprendieran el uso del aparato legal de la burguesía; de la historia de Cuba y universal, análisis de la realidad del país; literatura, ciencias naturales, medicina social e higiene, y otros temas.


 Alma Mater abría por primera vez sus brazos para acoger a gente humilde que ni en sueños se imaginaba visitando sus aulas. Todavía no existía la escalinata, pero esto no impedía que ascendieran cientos de obreros cada noche a partir de aquel 3 de noviembre de 1923.


El claustro conformado en gran medida por jóvenes que durante el día se formaban en esas mismas aulas y por intelectuales reconocidos, agrupó a figuras de la talla de Rubén Martínez Villena, Sarah Pascual, Leonardo Fernández Sánchez, Alfonso Bernal del Riesgo y Eusebio Adolfo Hernández,  Gustavo Aldereguía, José Z. Tallet. 


Al frente de todos, Julio Antonio Mella, el inquieto, el aglutinador, el líder indiscutible de aquella generación, que hacía despertar a la República. Para él esta obra sería la niña de sus ojos, la hija querida de sus sueños. Unidos obreros y estudiantes, causaban pavor. Por eso cuando la reacción avanzó y algunos dirigentes estudiantiles flaquearon, la sede se trasladó durante un tiempo al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y después a los locales sindicales como la Federación de Torcedores de La Habana, la Federación Obrera de Bahía, la Hermandad Ferroviaria y otros centros obreros en San Antonio de los Baños, Regla, Guanabacoa, Marianao, la calle Zulueta…  


Gerardo Machado no podía aceptar que aquella escuela de revolucionarios pusiera en peligro su gobierno. La catalogó de peligroso foco de propaganda comunista y prohibió su funcionamiento en 1927. Mella desde su exilio en México condenó la clausura del centro y reafirmó que no por ello la propaganda cesaba y que los principios que le habían dado vida se mantenían vigentes. Un saber complejo y dúctil, generalizado, consciente se había sembrado. Con la Universidad Popular José Martí se establecía la alianza entre estudiantes y obreros, sendero seguro para trabajar por la emancipación de los hombres.


91 años han transcurrido. En la Cuba de hoy, tierra donde la emancipación social es realidad tangible, esa alianza afianza el poder del pueblo. Una nueva universidad, atemperada a los nuevos tiempos, acuna talento y voluntad. Todos han tenido la oportunidad de transitar sus aulas; por  tanto, es de todos.

(Reina Torres Pérez, directora de la Televisión Avileña)


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