martes, noviembre 04, 2014

 

MI HIJO FRANKLIN REYES


Es la primera vez que estoy deseando, en desesperada súplica, que Cubadebate se haya equivocado... por primera vez. 

De ello no ser posible, entonces quiero desear que todo no sea más que una terrible pesadilla a ras de almohada...

No puede ser cierto, en modo alguno, que mi Franklin Reyes, haya dejado de existir. Un accidente automovilístico -informa Cubadebate. Sigo negado a aceptarlo.
 
Ese muchacho es mi Hijo. Lo escribo así, con mayúscula, porque mayúsculo es el amor que nos unió para siempre, de Padre a Hijo, desde que la prensa cubana nos ofreció la posibilidad de conocernos (febrero de 2004) y de hacer periodismo juntos, en Venezuela.

Tal vez parezca yo, también por vez primera, egoísta en extremo y hasta sanamente autosuficiente, pero no creo haya salido al exterior un equipo de prensa escrita más unido, alegre, comprendido y familiar que el integrado por ambos allí.

Solo así fue posible continuar reportando hacia Cuba lo más trascendental del convulso panorama venezolano, mientras respondíamos colateral y privilegiadamente a varias solicitudes de la más alta dirección de ese hermano país, incluido un libro acerca de la misión educativa Yo sí puedo, por encargo del inmortal presidente Hugo Rafael Chávez Frías, donde más del 80 por ciento de las imágenes llevan su genuino y muy cubano sello.

Franklin fue la adulta fotografía a bordo del lente joven. Su sensibilidad (artística, política y humana) asombró a cubanos y venezolanos. Libros, revistas, periódicos, agencias, afiches, vallas... se hicieron eco de imágenes similares pero no iguales a las de otros lentes, quizás sobre la base de aquella obsesión suya por sacarle el zumo hasta el último palmo de fotograma, la aplastante fuerza de sus primeros planos, el latido de lo humano hablando por sí solo… y, aún así, la permanente y optimista inconformidad consigo mismo, seguro de que hubiera podido y podría luego hacerlo mucho mejor.

A menudo acude a mi memoria su muestra personal "Al sur de mi lente". Recuerdo que atrajo durante días a personas de todas las edades hacia el interior de la Casa de Nuestra América, en pleno corazón de Caracas. De hecho, aquel hermano país imprimió un segundo juego, para conservarlo  y difundirlo en otros espacios o galerías.

Y aún así, jamás advertí en el semblante de ese hijo que la vida me dio  “hecho y derecho ya, o en su comportamiento, ni la más leve brisa de vanidad o de orgullo. ¿Será que cuando uno pierde a un ser así lo eleva inmaculado al podio de lo eterno? No lo creo. Franklin fue, es y será, el niño ingenuo, alegre, impetuoso, soñador, servicial y laborioso, amigo de los amigos, hermano de los hermanos… aquel  que a golpe de sacrificio y de mucho empeño personal hizo y hará brillar el lente, más allá de ese Juventud Rebelde que devino nido y despegue para su vuelo profesional y, por supuesto, también mucho más allá  del alcance óptico que haya imaginado jamás el más notorio fabricante.

  




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