jueves, febrero 27, 2014
DE GIGANTE A GIGANTE
He "visto" a varios
colegas, amigos e internautas preguntarse durante las últimas horas ¿qué estará
sintiendo ahora Fernando González LLort, tras ser liberado de su cruel encierro
en Estados Unidos?
Puedo imaginar
cuántas vivencias, recuerdos, sentimientos, añoranzas, convicciones,
proyectos... están circulando y recirculando en este minuto por su noble y firme
interior.
Más que condenas,
los "condenados" que dictaron sentencia debieron haberles erigido un monumento a
la dignidad de él, de Gerardo, Ramón, Antonio y René. Pero así es la vida cuando
intermedia la política sobre un substrato carcomido de intereses rancios e
irracionales.
Muchas personas,
repito, se están preguntando, qué siente en este instante
Fernando.
También yo me lo he
preguntado.
Pero el mensaje que
acabo de recibir y que a continuación pongo ante ustedes, me lleva a hacerme
una interrogante muy similar.
Invito a su
lectura. Y díganme después, ¿qué sintió Gerardo, su autor, al escribirlo y qué
sigue latiendo dentro de él en este minuto, cuando supuestamente a Fernando le
restan solo horas para fundirse en un abrazo con su familia, con su Rosa y con
su pueblo?
¡Ay Gerardo, qué
Gigante sigues siendo también tú!:
Texto del
mensaje:
FERNANDO EL
GIGANTE
A cada uno de Los
Cinco nos toca ser -obviamente- el más o el menos 'algo' entre nosotros. De la
misma manera en que Ramón es el más alto, seguido muy de cerca por René, a
Fernando le toco ser el de menos estatura física, mientras que el segundo lugar
en esa categoría se lo quite a Tony por un pelo. (Aunque eso del pelo sea un
decir). Ese "titulo" de Fernando le valió que, en parte por cariño, y también
por la arraigada costumbre profesional de evitar los nombres, a veces, entre
nosotros, le llamáramos "el pequeño".
Lo anterior podría
parecer inmaterial, y hasta algo frívolo, pero en estos días de alegría y
ansiedad, cuando lo separan apenas unas horas de su libertad, (y ojalá también
de su regreso) mientras recuerdo tantas muestras de grandeza que ha dado nuestro
hermano, he reparado en la ironía que encierra el llamar "pequeño" a ese
gigante.
Cuando nos
arrestaron, Fernando tenía razones extra para sentir angustia, dolor,
frustración... En términos del béisbol que tanto le gusta: el lanzaba también
juegos completos, pero su misión en Miami aquella vez, era de relevo corto.
Debía regresar a Cuba pronto. Su boda estaba casi lista. La novia, esa Rosa
guerrera que por él sacrificó todo en la vida, quedó casi vestida. Aún así, del
gigante jamás escuchamos un lamento.
Presencié cuando su
abogado del juicio, Joaquín Méndez, le advirtió con toda razón profesional que,
dada la menor gravedad de los cargos que a él se le imputaban, cualquier
defensor de respeto optaría por separarlo de los demás como estrategia. La
respuesta de Fernando, como la de René ante similar sugerencia, fue tajante e
inequívoca.
Quince años y medio
después, Fernando, como René, saldrá de la prisión con la frente en alto.
Tampoco a él le regalaron nada. Su sentencia fue la máxima posible, y el tiempo
descontado por buena conducta se lo ganó, y por ley tenían que
dárselo.
Quienes lo queremos
y admiramos, hoy celebramos. Convencidos de que nuestra lucha se refuerza con
otro abanderado, le hacemos llegar un fuerte abrazo, y le
decimos:
¡Felicidades
gigante!
¡Gracias por tu
ejemplo!
Gerardo Hernández
Nordelo
Prisión Federal de
Victorville
California, Febrero
25, 2014.