sábado, octubre 20, 2012

 

SUSURRO A PUERTA CERRADA




Llego a mi casa con el cuerpo literalmente molido, pero dispuesto a devorar el mundo a mi paso. Acabo de participar en dos juegos de softbol, luego de dos años y pico sin coger un guante o un bate en la mano y sin hacer ejercicios… Busco el llavero y no aparece, debo haberlo dejado dentro antes de salir, quizás encima del mueble de la sala. También pudo escaparse de mi mochila. Cualquiera sabe. Mi hijo y su mamá fueron para el campo, deben regresar mañana. No violaré la puerta. Odio la violencia. ¿What do i do? (no recuerdo si se escribe así, pero ¿Qué coño hago?). Estoy hecho una bola de churre. Iré hacia la oficina donde trabajo, "vivo", respiro, creo y me re-creo trabajando. Antes, decido pasar por el área conocida como El Tanque, hay tres termos vendiendo cerveza y prácticamente nadie la compra; tal vez sea como consecuencia de las pencas lloviznas que caen. Reviso y no tengo ni un cabrón pomo en el carro, ni siquiera un promiscuo vaso plástico. NIPI -me digo. Bajo del auto y camino hacia uno de los termos, me paro, miro en un radio de 180 grados y tampoco hay un cabrón conocido bebiendo. Qué sed carajo. El termero parece que lo nota y me pregunta qué necesito. “Un socio con un pomo” –le respondo. El tipo sonríe y me extiende un jarro de metal lleno hasta el caballete. Me lo empino. Me sabe a puta gloria. Un negro, al parecer compinche de aquel, me dice que me apure para tomar él. A juzgar por la cara de cumpleaños que tiene es obvio que ha empinado bien el codo. “El juego está 7 X 1 compadre” –le digo. No entiende ni timbales. “¡Que tú te has tomado siete jarros y yo no he terminado ni el primero; relájate y coopera, anda! El "niche" se parte de la risa, también el termero. Y yo: serio como una estaca pero aguantando la carcajada. Me empujo lo que falta y cuando le alcanzo un billete carmelita para que cobre lo que le venga en gana (así son los termeros) el hombre me dice “deja eso”. Ni muerto lo contradigo; eso no se da todos los días y decido venirme por fin para la oficina, a escribir de algo, a apilar tal vez estos apuntes en el buche del párrafo más largo que he escrito en mi "pura" vida, a preparar fotos, a matar el tiempo para ir a la casa de mi nuera-hija a darme un bañito más tarde. Puedo incluso hacerlo aquí mismo. Por suerte tengo un mono azul en el carro (de tela, desde luego) y un pullover blanco sin estrenar en una gaveta, además de jabón, máquina de afeitar, cepillo pasta, desodorante y hasta shampoo. Hombre precavido vale por diez (aunque gaste por 40). Creo que solo me faltaría un calzoncillo en este instante, pero ese artículo es el menos indispensable de todos los mencionados. En ocasiones hasta sobra. No es el caso. Quizás duerma aquí mismo, en este lugarcito: fresco de temperatura y cálido por su esencia más intrínseca. Por el agotamiento que siento… ¡Hasta de piedra la cama y su cabecera! Mañana será otro día. El mundo no se acaba hoy. Ni yo con él.




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