martes, septiembre 11, 2012

 

ALLENDE EN MI ALAMEDA


Yo era apenas un adolescente aquel 11 de septiembre de 1973, pero creo que sentí un adulto dolor... o tal vez el dolor que siente un niño cuando le asesinan al abuelo querido.


Allende había sido asesinado. La paz, el bienestar y el futuro de Chile también; en particular el de sus familias y sus sectores más humildes.

El imperialismo decidió "resolver" allí las cosas a su modo, como habitualmente lo ha hecho: con sangre, con saña, con muerte, aplastando todo: hasta los derechos.

Han pasado 39 años y cada vez admiro más el valor y la dignidad de aquel humilde hombre, la ecuanimidad con que se dirigió al pueblo minutos antes de morir, la sencillez con que lo hizo. Parecía una despedida... pero fue mucho más: era la justa bienvenida que en ese instante le daba la historia.

"Tienen la fuerza -dijo- podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales, ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos"

Y sentenció su total confianza en que nuevamente se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Cuánta razón le asiste aún.

Por eso, cada vez que visito la capital cubana suelo detenerme unos segundos en la Avenida de los Presidentes y contemplar la silueta de Salvador Allende, con una mano en alto, acaso saludando el futuro, escoltado por una palma real, en lo profundo, tal vez como expresión de cuán alto está su pensamiento en toda Cuba.



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