sábado, junio 18, 2011

 

DE TU MANO




Vuelve junio a desnudar una verdad latente durante todo el año, consustancial a lo más profundo del sentimiento humano, por encima de las edades, de las razas, de las geografías, de los oficios: la pasión de padres, el amor de hijos.

No por casualidad, Papá es una de las primeras palabras que logran articular completamente nuestras niñas y niños. Papá, continuarán diciendo montones de calendarios más tarde. Papá, será —aún después y por siempre— la referencia tierna, eterna, indispensable…

Valore cada quien cuánto adora a su retoño y tendrá una idea, quizás aproximada, de cuánto nos amaron, nos han amado o aún nos aman nuestros padres. Muy poco aporta comprender esa realidad demasiado tarde, excepto la posibilidad de actuar en consecuencia.

Piense en esa niña o niño (siempre diminuto bonsái humano dentro de usted) y sabrá que solo es imposible lo que no nos propongamos hacer, de verdad, por ellos.

¿De qué mal no nos cura un pequeñuelo que cabe en nuestras manos? —escribió José Martí. Y añadió: "Tiene el mundo quien tiene el poder de poner sobre los niños las primeras manos".

Sobran pasión, puntos de referencia y razones entre los padres cubanos para poner bien, las manos y el pecho, sobre los hijos; no para que este tercer domingo vuelen miles y miles de postales hacia Papá (tal y como sucede también, tan merecidamente, con Mamá cada mes de mayo); no para que el Archipiélago se llene de abrazos, de besos o de regalos formales, sino para que la obra esté, el ejemplo trace pautas de comportamiento, el cariño devenga oxígeno vital, el respeto crezca, la admiración se empine, la huella perdure y nuestros queridos "Viejos" sigan rehaciéndose en cada uno de nosotros, de generación en generación.

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