martes, septiembre 28, 2010

 

DUELE EL TERROR IMPUNE CONTRA MI CUBA

Para sentir dolor y soberbia frente al crimen bárbaro, al terror organizado, al “placer salvaje” de matar… no hay que tener -necesariamente- una u otra condición política, religiosa, sindical, geográfica o racial, si de verdad se es Humano.


Por eso espero que quienes lean estos breves apuntes entiendan el malestar que provoca la larga cadena de sabotajes y de agresiones de todo tipo, organizadas desde hace medio siglo contra mi país: Cuba, por parte de terroristas internacionales como Luis Posada Carriles, organizaciones de igual orientación como la Fundación Nacional Cubano Americana y ALPHA 66 (para solo citar dos), con anuencia y beneplácito de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana y de las sucesivas administraciones de ese país.

No lo afirmo yo. Asesinos internacionales confesos, descubiertos y capturados aquí, han ofrecido testimonio acerca de esa hostil política.

Ojalá las corresponsalías y agencias extrajeras acreditadas en La Habana difundan hacia el exterior al menos una pequeña parte de la ruta del terror develada por sujetos como Francisco Chávez Abarca, Raúl Ernesto Cruz León y otros terroristas a sueldo, autores de la introducción, ubicación y detonación de artefactos explosivos en hoteles y en otros lugares públicos de Cuba, para sembrar muertes como la del joven italiano Fabio Di Celmo, crear terror, desestabilizar al país…

Para descubrir a tiempo esos macabros planes, advertir a Cuba e impedir muertes innecesarias, trabajaban en suelo norteamericano Cinco cubanos dignos: Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Ramón Labanino y Fernando González.

Informaciones ofrecidas por ellos y entregadas por Cuba a las autoridades norteamericanas fueron usadas por ese poderoso país para acusar a los Cinco de forma ladina, cruel e injusta y ahora guardan inmerecida prisión en cárceles de aquella nación, mientras el sicario público Posada Carriles se pasea ufanamente por las calles de Miami, se jacta de sus crímenes y llama a seguir poniendo bombas en territorio cubano.

Si eso no es cinismo, si no es impunidad, ¿qué nombre tiene entonces?

Tristísimo papel el de los medios de prensa que no dicen nada acerca de ello o retuercen a su antojo la verdad.

Y más triste aún, que millones de personas no sepan nada al respecto o se dejen confundir.

Pero la verdad es más grande que la mentira, más grande que el silencio y –como al Sol- no se le puede ocultar en el traspatio de la sombra que proyecta un dedo.

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