lunes, junio 28, 2010

 

A TRAVÉS DE TUS OJOS



Tal vez la apacible mirada de Kamila no atraiga todo el interés desde el punto de vista fotográfico.

¿En qué hogar de Cuba no hay, hubo o está por llegar una niña o un niño así?

Es que hasta en el más lejano paraje siguen naciendo Kamilas y Camilos.

Precisamente por eso (por lo que cada día y en todas partes significan esas personitas, dueñas de nosotros los adultos) espero que millones de padres, hermanos, tíos, abuelos o simplemente vecinos vean, desde la apacible mirada de esta niña, o a ras de sus diminutos labios, lo que bajo ningún concepto podemos perder:

“Mi derecho a vivir —parece susurrarnos ella— a crecer sana y feliz, a recibir el cariño que un día daré también. A dormir tranquila, soñar, jugar e ir al colegio sin miedo al secuestro, al abuso sexual, a la droga, a la humillación o al hambre. Mi derecho a calzar, tener y consumir lo que tú y mamá puedan darme, siempre bien habido, porque como ustedes mismos me leerán una noche lo esencial es invisible a la mirada, y no se ve bien sino con los ojos del corazón.”

Haber vivido en las excepcionales condiciones de Cuba (aún con todo lo que materialmente nos ha faltado en medio siglo) no puede entrañar otra obligación más pura que asegurar el mejor de todos los futuros posibles para esos niños que traemos y llevamos día tras día. ¿Por quién, si no por ellos vivimos cada segundo? ¿Qué hay más importante en el seno de una familia cubana?

Pensar de otro modo sería un egoísmo. Tóquele alguien un solo cabello a la princesa o al pequeño príncipe del más humilde hogar y no quiera saber el villano qué le espera.

Esa pasión real y sin medida, en cambio, no solo se defiende ni se asegura con palabras o del pecho hacia adentro. El único modo de no lamentar mañana lo que dejemos de hacer hoy es afincando ahora el puño. Haga cada quien por sus retoños TODO lo que humana y socialmente a cada quién corresponde: en casa, en la vida, en el plano de los valores, en el trabajo...

¿Con qué cara vamos a mirar un día a los hijos de nuestros hijos y nietos si nos dejamos robar el derecho pleno a un futuro que depende por completo de nosotros mismos? ¿A quién vamos a culpar si el porvenir penase? Ni pensarlo. ¿Acaso alguien espera que va a venir mañana portando un ramo de flores la misma mano que hoy acecha para clavarnos la daga en plena espalda o para extendernos la cepa de caramelo envenenada?

El problema no es que la víbora quiera clavar colmillos sobre el futuro de Kamila (se sabe desde hace mucho tiempo). Lo inaceptable es que, teniendo bajo nuestro techo la candidez y el tesoro de una mirada así, no comprendamos de una vez que el verdadero mundo está de esos ojos hacia adentro y que su paz no debe ser alterada por ningún lobo externo y brutal, por más que la fiera se empeñe en disfrazar sus verdaderas intenciones bajo las cintas y los lazos de Caperucita.

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