martes, septiembre 08, 2009

 

... ¿Y QUÉ? SEGUIMOS PA'LANTE

Cargados de todo: de imágenes, de realismo, de cierto pesar, de optimismo e incluso de fino pero triste humor, frases y recuerdos emergen a ras de calle por estos días aquí, en Baracoa, Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Camagüey...

Y es curioso, porque en el fondo ni a los árboles (blanco neto también del gris azote) les agrada recordar aquel destrozo que echó a tierra el sudor de años, más de 10 000 millones de pesos en todo el país, conquistas acumuladas a golpe de inversión y de austeridad en medio de lustros y décadas sin llaves de abundancia…

Solo en el norte y centro del territorio tunero más de 80 000 viviendas sufrieron severos daños; casi 14 000 de ellas totalmente derrumbadas. En otras zonas del oriente cubano el drama no fue distinto.

Es más: a un año, las secuelas siguen mortificando.

En verdad, servicios indispensables como los de agua, electricidad, comunicaciones, salud o educación hallaron más ágil solución, gracias a un colosal empeño estatal, potencialidades locales y alta cooperación entre provincias, solo posible en sociedades como esta.

Aunque “lentas” a la mirada de los urgidos, también asomaron su rostro aquellas primeras producciones de ciclo corto. Incluso, viandas como el plátano (insustituible para cualquier cubano) comienzan a tener una mayor presencia ya.

Pero el panorama de la vivienda sigue complicado. No es lo mismo levantar una casa con lo indispensable, que plantar una semilla de banano, atenderla y esperar por el racimo.

Un racimo, pero de problemas materiales y hasta de origen subjetivo (aceptémoslo), han gravitado sobre el sí indiscutible deseo de solucionar el enorme daño que dejaron los ciclones en el fondo habitacional cubano: muy perjudicado ya, a causa de décadas con limitaciones internas y tenazas externas made in USA.

Aún así, provincias como esta han resuelto, o aliviado, penurias en 52 451 familias: el 65 por ciento de las 80 618 cuyas viviendas resultaron afectadas aquí por Ike y Paloma.

Aproximadamente un tercio de los damnificados, sin embargo, aún aguardan por una solución que necesariamente debe llegar.

Ver que se continúa trabajando para ello, sienta esperanzas entre los 8 235 núcleos familiares que viven en las llamadas facilidades temporales, e incluso para unos 2 687 tuneros alojados todavía en casas de parientes o vecinos, como expresión nítida de sensibilidad humana y de valores que no puede derrumbar ningún ciclón.

¿Acaso se ignora tal realidad? No lo creo. De hecho, el grueso de las viviendas que edifica Las Tunas de acuerdo con el programa nacional de nuevas construcciones se destinan precisamente a resolver casos de derrumbes provocados por los meteoros.

Ojalá nunca hubieran azotado. Sucedió. Millonarias fueron las pérdidas. También los gastos. El daño perdurará buen tiempo, en conteo regresivo, tan rápido como eficiente sea el uso de recursos e inteligencias. Y a la par, un sano orgullo: no haber hincado la rodilla ni perdido la confianza. Ike nos golpeó, es cierto, pero como dice mi vecino René: “¿Y ké? ¡Seguimos echando p’alante!”.

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