sábado, marzo 08, 2008

 

IMAGEN CON TERNURA DE MUJER

Ajena por completo a todo cuanto la pueda distraer (miradas, ruido, susurros, elogios...) levanta otra vez el trípode, lo cambia de sitio para ganar un mejor ángulo y vuelve a concentrarse en ese pedazo de realidad, frente al visor, que ella se empeña en captar de un modo diferente aún cuando en nada, o en muy poco, se diferencia de otros momentos vividos a distancia de lente.

Ajeno también yo: en este caso a lo que en verdad debo atender (la presentación de un libro), me dejo arrastrar por cada movimiento de la joven, cuyas blancas, delicadas y bien hábiles manos se me antojan por momentos un par de alas sobre esa cámara que manipula y acaricia con la misma ternura que hace apenas unos años arrullaba muñecas.

Con toda seguridad, en su lugar un camarógrafo para nada llamaría mi atención. Debe ser porque no siempre, ni en todas partes, se tiene el privilegio de ver a una mujer haciendo noticia y arte, arte y verdad, detrás de una cámara de televisión.

Ni remotamente Dainy Basulto Barreras (ese es su nombre) sospecha que, en silencio, congelo cinco o seis veces su silueta en el otro "cerebro" (el digital de mi pequeña cámara fotográfica) y que, para no interrumpirla, prefiero arrancarle a alguien, casi clandestinamente, los cuatro inconclusos apuntes que ahora retomo, para felicitar de un modo diferente, en el contexto de este 8 de Marzo, a todas las mujeres que en Cuba –y en el mundo- tienen el privilegio de trabajar así: directamente con la imagen.

Su caso no es único. Según me cuenta Luis Naranjo Batista, presidente de los periodistas camagüeyanos, otra joven llamada Edenia Bacallao labora también como camarógrafa en el telecentro de esa provincia. Ambas egresaron el pasado año del Instituto Superior de Arte con una sólida preparación en dirección de fotografía que les permite realizar cualquier actividad o procedimiento en el campo de la imagen.

No por casualidad su huella marca pautas en los espacios informativos y en el resto de la programación.

El audio local vuelve a inyectarme en el tímpano un nombre común como cualquier otro, aunque repulsivo como ninguno en casi todo el mundo: George W Bush. Lo pronuncia el periodista Nicanor León Cotayo mientras presenta su más reciente libro acerca del hombre que desde la Casa Blanca ha ennegrecido aún más los destinos del planeta.

Sin renunciar a lo que escucho, vuelvo sobre la joven artista del lente, justo en el instante en que ella y el avezado reportero que la acompaña cruzan una fugaz mirada, suficiente para lograr esa comunicación indispensable entre quienes tienen la tarea de fundir en un mismo lenguaje ideas e imágenes.

Entonces, con el perdón de mi colega, resuelvo que víspera de una fecha tan especial (Día internacional de la Mujer) y en medio de la Jornada por el Día de la prensa cubana (14 de marzo) vale la pena restarle un minuto más a las conocidas miserias humanas de un tal Bush, para admirar la riqueza interna de una joven mucho más alta -en todos los sentidos- que el vuelo de los halcones y los tronos imperiales.

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