viernes, febrero 15, 2008

 

QUE NADIE SE CONFUNDA


A mi buzón llegó un despacho relacionado con el material titulado Trabajar, ¿opción o necesidad? (periódico Granma, 12 de febrero) y con las valoraciones del colega Ariel Terrero, al día siguiente, en su habitual comparecencia televisiva acerca de temas económicos.

Aunque no me sorprende, llama la atención el modo en que el cable (de ANSA) recalca la frase “excesivamente paternalista”, en alusión al modo en que el Estado cubano subsidia productos y ofrece servicios básicos de forma gratuita.

Por el énfasis implícito, pareciera que es un error imperdonable de nuestro Estado garantizarle al pueblo subsidios, gratuidades y facilidades que benefician a todos por igual y de manera muy particular a familias que perciben menos ingresos...

Sólo faltaría que una voz se levante por ahí (o por “allá”) para decirnos qué tipo de Estado le conviene a Cuba o qué medidas debemos adoptar.

Cuidado con eso. Texto en papel y reflexión televisiva al aire dejaron bien clara una idea: nuestro Estado, humano por esencia, no merece que un segmento de población en edad productivamente útil, permanezca sin aportarle nada a la misma sociedad que, en cambio, les garantiza todo, incluso suficientes opciones para estudio y trabajo. Punto.

Alertar acerca de esa incongruente postura es una virtud de la prensa cubana y una bofetada a quienes consideran que a los periodistas no nos dejan decir la verdad ni informar lo que acontece en este país.

Con sana satisfacción he conocido la favorable repercusión de ese trabajo periodístico no solo entre la predominante masa de pueblo digna y laboriosa, sino también en directivos de alto nivel, como el propio Ministro de Trabajo y Seguridad Social, reconociendo que el fenómeno existe, que se enfocó adecuadamente y ratificando la disposición de obrar en torno a una solución.

¿De qué modo? Cada quien lo sabe. Inteligencia, capacidad (espiritual y material), voluntad y experiencia para sumar brazos jamás nos han faltado (a los cubanos).

A fin de cuentas, siempre será mucho más fácil y alentador reinsertar laboralmente en plazas que están físicamente ahí, e incluso abrir nuevas capacidades donde y cuándo sea posible (caso nuestro), que enfrentar la realidad imperante en el entorno de quienes nos agreden desde el exterior, donde lo “normal” es la ausencia de posibilidades para empleo, existencia de grandes masas de desocupados o, en el mejor de los casos, irremediable obligación de buscar más de un trabajo como alternativa para poder subsistir.

Ni siquiera lo decimos quienes hemos visto esas realidades fuera de Cuba: ahí están los informes de organismos internacionales, cables, imágenes y hasta el puño y la letra de muchas personas que emigraron de este Archipiélago buscando mejoras económicas como las que el Estado añora para todos los ciudadanos y, si no ha podido lograr en la dimensión deseada es, en gran medida, por el rabioso bloqueo y la malsana intención enemiga de asfixiarnos por hambre, enfermedades, falta de recursos...

Que nadie se equivoque. Tal verdad la conocen hasta quienes se han dado el lujo de no trabajar durante años: esos que en su gran mayoría, sin embargo, no abandonarían este país ni a puro canto de sirena “in english”, no traicionarían a su familia ni a su pueblo y, si son inteligentes, no despreciarán la oportunidad que les va a ofrecer el Estado cubano para demostrar que, por encima de lo que roe el ocio, aún les queda vergüenza para ser útiles y agradecidos.

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