domingo, junio 03, 2007
FELIZ DIA, HERMANO GERARDO
A Gerardo Hernández Nordelo, cuya celda en California (injusta e inmerecida) se verá colmada por más de once millones de cubanos y por personas dignas de todo el mundo, cuando este 4 de junio el joven luchador antiterrorista arribe a su 42 cumpleaños.

Las Tunas, Cuba.
Te confieso que por un instante pensé iniciar esta ¿carta? con un Hola Gerardo...
Pero después de tanto tiempo (diciéndome a mí mismo: tengo que escribirle); luego de tanto tiempo (esperando tú a que yo lo hiciera); después de tantos recuerdos (de puño y letra tuyos para mí en las cartas a Andy Daniel) y, sobre todo, AHORA que le sumas un junio más a tu existencia... me parece muy justo cambiar ese Hola, y empezar con una gran OLA de cariño, de abrazos, de hermandad.
De hecho, en esa OLA inmensa, no navega sólo mi sentimiento personal. No soy tan egoísta como para eso.
Consciente —como tal vez no eres capaz de imaginar— del cariño más que familiar hacia ustedes, presente en millones de personas, me tomo el atrevimiento de situar en esa OLA las más íntimas, sensibles y humanas expresiones... tantas que dudo tengan ustedes tiempo para atenderlas y reciprocarlas todas el día que regresen a Cuba.
Porque... si de algo no hay duda por acá es de que Volverán.
Para lograrlo, no sólo este Caimán levanta su digna voz. Un clamor cada vez más fuerte y unido se alza en diversas partes del mundo gracias a la titánica labor de hermanas y hermanos como Alicia, Katrien, Gloria, Manuel López, Sandra Rojas... (suman cientos, miles y más... ¿sabes?)
Pero como acerca de ello tienes tanta o más información que yo, prefiero llenar unas líneas con la estatura inmensa de un "enanito reparador de sueños", amigo tuyo y mío, hijo –por qué no- tuyo y mío también: me refiero a Andy, al niño que un día entró en tu celda, para darte más libertad y más derecho aún a ella.
Pues bien, no hay ocasión en que lo vea y no me dedique la más cándida sonrisa. Quizás no sea de esos niños expresivos, que todo lo cuentan, que todo lo engrandecen con una fusión de imaginación y de realidad...
Andy es un hombre en pequeña dimensión corporal.
Por su abuela y por su tía (esta última trabaja en la sede provincial de la Unión de Periodistas de Cuba aquí en Las Tunas) sé cuánto él disfruta cada carta, cada párrafo, cada renglón de tus cartas, cada foto y cada detalle que le haces llegar.
Apoteósico (en el más sano sentido de esa palabra) es lo que sucede en el barrio donde vive y en la escuela donde estudia: acostumbrados a saber, de primera mano, algo de ti (de ustedes).
Te cuento esto porque no podré entrar este día 4 de junio al lugar donde estás, ni darte un abrazo, ni entregarte un regalo material, ni aceptarte o invitarte a una simple, saludable, añorada y bien cubana copa...
En cambio algo me dice que no cambiarías ninguna de esas cosas materiales por el alivio, el placer espiritual y el sabor que deja en ti saber que en toda Cuba (y en el mundo) hay millones de Andy, de diferentes edades, razas, estaturas, orígenes y destinos, que dejarían a un lado el cake de su cumpleaños —y sin apagar aún las velas— para correr a darte un abrazo a ti, a Ramón, a René, a Tony, a Fernando.
Yo, que fui y sigo siendo un Andy, me uno en esa carrera a tu encuentro.
Y yo, que cambiaría mi status y ubicación actuales por la tuya, para que vuelvas(an) perpetuamente libre(s) a Cuba, me despido –por hoy- con todo lo que sólo anida, nace y crece entre hermanos.
Hasta pronto.

Seguro de que una vez más (ojalá la última) la rabia rabiará ante el vuelo libre, limpio e indetenible de las felicitaciones... te abraza
Pastor Batista Valdés

Las Tunas, Cuba.
Te confieso que por un instante pensé iniciar esta ¿carta? con un Hola Gerardo...
Pero después de tanto tiempo (diciéndome a mí mismo: tengo que escribirle); luego de tanto tiempo (esperando tú a que yo lo hiciera); después de tantos recuerdos (de puño y letra tuyos para mí en las cartas a Andy Daniel) y, sobre todo, AHORA que le sumas un junio más a tu existencia... me parece muy justo cambiar ese Hola, y empezar con una gran OLA de cariño, de abrazos, de hermandad.
De hecho, en esa OLA inmensa, no navega sólo mi sentimiento personal. No soy tan egoísta como para eso.
Consciente —como tal vez no eres capaz de imaginar— del cariño más que familiar hacia ustedes, presente en millones de personas, me tomo el atrevimiento de situar en esa OLA las más íntimas, sensibles y humanas expresiones... tantas que dudo tengan ustedes tiempo para atenderlas y reciprocarlas todas el día que regresen a Cuba.
Porque... si de algo no hay duda por acá es de que Volverán.
Para lograrlo, no sólo este Caimán levanta su digna voz. Un clamor cada vez más fuerte y unido se alza en diversas partes del mundo gracias a la titánica labor de hermanas y hermanos como Alicia, Katrien, Gloria, Manuel López, Sandra Rojas... (suman cientos, miles y más... ¿sabes?)

Pues bien, no hay ocasión en que lo vea y no me dedique la más cándida sonrisa. Quizás no sea de esos niños expresivos, que todo lo cuentan, que todo lo engrandecen con una fusión de imaginación y de realidad...
Andy es un hombre en pequeña dimensión corporal.
Por su abuela y por su tía (esta última trabaja en la sede provincial de la Unión de Periodistas de Cuba aquí en Las Tunas) sé cuánto él disfruta cada carta, cada párrafo, cada renglón de tus cartas, cada foto y cada detalle que le haces llegar.
Apoteósico (en el más sano sentido de esa palabra) es lo que sucede en el barrio donde vive y en la escuela donde estudia: acostumbrados a saber, de primera mano, algo de ti (de ustedes).
Te cuento esto porque no podré entrar este día 4 de junio al lugar donde estás, ni darte un abrazo, ni entregarte un regalo material, ni aceptarte o invitarte a una simple, saludable, añorada y bien cubana copa...
En cambio algo me dice que no cambiarías ninguna de esas cosas materiales por el alivio, el placer espiritual y el sabor que deja en ti saber que en toda Cuba (y en el mundo) hay millones de Andy, de diferentes edades, razas, estaturas, orígenes y destinos, que dejarían a un lado el cake de su cumpleaños —y sin apagar aún las velas— para correr a darte un abrazo a ti, a Ramón, a René, a Tony, a Fernando.
Yo, que fui y sigo siendo un Andy, me uno en esa carrera a tu encuentro.
Y yo, que cambiaría mi status y ubicación actuales por la tuya, para que vuelvas(an) perpetuamente libre(s) a Cuba, me despido –por hoy- con todo lo que sólo anida, nace y crece entre hermanos.
Hasta pronto.

Seguro de que una vez más (ojalá la última) la rabia rabiará ante el vuelo libre, limpio e indetenible de las felicitaciones... te abraza
Pastor Batista Valdés