martes, diciembre 12, 2006

 

YO HABÍA "JURADO"...


(Con permiso de Nuez, quien, sin saberlo, me prestó la caricatura que aparece a la derecha, para atraer un poco más la atención hacia la lectura del texto. ¡Muchas Gracias!)


Hace un lustro, luego de varios años integrando el “tribunal” encargado de evaluar a los jóvenes que optan por periodismo (exámenes de aptitud) “emití fallo” a favor de un merecido descanso para mí en esa tarea, tan voluntaria como delicada y envolvente.

“Mi hijo va a presentarse al examen y no quiero ni aparecer por allí” –dije, mitad pretexto, mitad argumento real.

Así, creí “librarme” un poco del suspicaz acercamiento o de la abierta arremetida por parte de numerosos padres (conocidos y desconocidos), muchas veces más agitados que los mismos muchachos, vísperas del “día cero”.

Pero lo que en verdad más me animaba era no enfrentar ¿otra vez? ese momento tenso y estresante, en que se comienza a ofrecer el resultado y una parte de los aspirantes van quedando en el camino, mientras los demás (cada vez menos) siguen midiendo sus aptitudes: aptitudes que en periodismo no se adhieren con una pegatina o con remache al cerebro, durante los días previos y ni siquiera unos meses antes de la evaluación.

Pero también es el momento en que suelen acentuarse y hasta pugnar –al menos en mí- dos sentimientos muy bien definidos: el que nos hace sentir en ese instante un poco padres, frente a la expresión preocupada, segura, suplicante, nerviosa, decidida… de decenas de jóvenes, y el que nos recuerda la responsabilidad, imparcialidad y justeza con que debemos “fallar” (decidir) como jurado, para no empeñar a la profesión y para que nunca falle (se equivoque) nuestro periodismo.

Quizás sean ambas razones: seguir sintiéndome padre y periodista, las que me han llevado a aceptar con gusto otra vez la petición de la UPEC en mi provincia, para integrar el equipo encargado de examinar a los estudiantes que se inclinan por el periodismo.

Sin sospechar que me tocaría de nuevo esa función, varios padres y estudiantes (conocidos y desconocidos) han acudido por estos días a mí. Sé que también a otros colegas. Ello me reconforta. ¡Y mucho!

Para miles de jóvenes el periodismo no es una profesión más en el contexto de las posibilidades que ofrece el Ministerio de Educación Superior. Es, como suelen decir a esa edad, “lo máximo”.

Riesgos (como los que han costado la vida a cientos de colegas), incomprensiones (como las que a diario pueden arribar por intermedio de la entidad o de la persona justamente criticada) y dificultades (como las que en el orden material enfrentan nuestros medios desde que arrancó la década del 90), lejos de hacer que palidezca, dan más brillo a la inclinación de nuestros bachilleres por cursar estudios de periodismo.

… es la imagen social que prevalece, la ética heredada -y por siempre viva- de quienes nos antecedieron, el compromiso cierto con la verdad.
Con esas credenciales y motivaciones, vengan pues a examinarse quienes así lo han solicitado.

Junto a profesores y especialistas de las facultades donde se estudia la carrera (Ciudad de la Habana, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba), periodistas de cada provincia formaremos el jurado (justo, compresivo e imparcial) que espera todo joven, todo padre y el país.

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