jueves, octubre 05, 2006

 

UN NIÑO DENTRO DEL HEROE



California. Prisión Federal de Victorville. Septiembre de 2006. Gerardo Hernández Nordelo siente la necesidad de agradecerle a millones de personas de todos los continentes, la jornada mundial de solidaridad con los Cinco cubanos encarcelados injustamente en Estados por algo tan primordial para la humanidad como descubrir y enfrentar al terrorismo.

A ocho años del alevoso arresto, acude inevitablemente a su memoria la imagen del oficial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) que los conminó a traicionar ideales, alegando que ni Cuba ni nadie en el mundo harían nada para defenderlos.

“Cuánto me gustaría volver a verle la cara a ese oficial” —piensa y queda sumido en meditaciones.

Es obvio que el inmenso clamor internacional de solidaridad hacia él y sus cuatro compañeros (Antonio, Ramón, Fernando y René) nada tiene que ver con el fatídico vaticinio de aquel asalariado del FBI, a quien gustoso ahora él le mostraría el mensaje manuscrito enviado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, las palabras de Ricardo Alarcón, el apoyo vital de la familia, las innumerables cartas que remolcan aliento desde todo el planeta.



“…pero le hablaría –precisa- de Andy Daniel, el niño cubano que nació con sus manitas deformadas y que a sus seis años escribe y dibuja para los Cinco.”

Las Tunas. Seminternado de enseñanza primaria Jesús Argüelles. Cándido como un crío de paloma, Andy Daniel Oro Rivera juega con sus compañeros de aula sin sospechar que pronto correrán todos a felicitarlo y a abrazarlo, como el día en fue elegido el mejor alumno. Pero esta vez la razón es otra, “porque Gerardo te mencionó en su mensaje al Mundo”.

No puede creerlo. Mira el periódico y siente como un fino escalofrío en el estómago. Vaya emoción. El solo sabe que con sus incompletas pero perfectas manos, en el 2005 le arrancó Mención Especial (entre más de 5 000 niños) a un concurso de dibujo acerca de los Cinco. Luego le escribió a Gerardo y todo el barrio se revolvió de gozo leyendo y releyendo, de casa en casa, la respuesta; siguen escribiéndose y hoy Gerardo lo acompaña a todas partes, con gorra de pelotero, como en la foto que desde el encierro le envió.

“Yo sé que él me quiere mucho y yo también lo quiero” –suele decirse a sí mismo Andy.

Y no se equivoca. Muy dentro del Héroe encarcelado debe estar el rostro del niño tunero, para que fuese el que, de manera especial, evocara Gerardo a nombre de Cuba en el mensaje de gratitud al mundo, junto al recuerdo de una mujer francesa que envía cartas cada semana o al de un matrimonio de ancianos que recaudan fondos para la causa de los Cinco vendiendo flores en las calles de Londres.

Lástima que aquel “recio” oficial del FBI (como los halcones y las aves de rapiña) no entienda de flores, de cartas, de paz, de solidaridad, de amor, de dignidad… ni del tesoro que pueden guardar dos pequeñas manos de niño, deformes antes de ver la luz, pero capaces de repetir mañana las caricaturas, cartas y mensajes con que otras manos (las de Gerardo) estremecen hoy al mundo, desde una celda en la Prisión Federal de Victorville.

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