martes, agosto 08, 2006

 

MAS DE 7 400 DÍAS ARREBATADOS A LA MUERTE

Ningún latinoamericano había vivido tanto tiempo con un injerto cardíaco, como el tunero Héctor despaigne.

Hace más de 7 400 días (el 29 de marzo de 1986) en cualquier otro país del mundo Despaigne se hubiera visto en un trance más oscuro que la tez de su pura y cubana piel…

El solo hecho de ser negro y de pertenecer a una familia muy humilde, habrían sido desgracia suficiente para que aquel muchacho delgaducho, cuyo corazón ya no resistía más a causa de una severa cardiopatía valvular, hubiese fallecido, sin la oportunidad de ser trasplantado a tiempo.

Pero como en Cuba esa compleja intervención quirúrgica transcurre de manera totalmente gratuita para cualquier persona, ese día un equipo multidisciplinario del Hospital Hermanos Ameijeiras asombró y enorgulleció una vez más al país, sustituyendo el ya fatigado e insuficiente corazón de aquel niño.

DOS DECADAS DE FELICIDAD
No fue la casualidad quien le abrió puertas a la alegría durante veinte años, cuatro meses y nueve días en el hogar de la familia Despaigne Guillén.

La probada profesionalidad de los especialistas que tomaron parte en la operación, primero; el minucioso seguimiento, después, y el rigor con que el propio Héctor cumplió en todos estos años cada indicación, explican por qué ese entrañable tunero se convirtió en el latinoamericano que más tiempo vivió con un injerto cardiaco.

Su estado de salud llegó a remontar niveles tan normales de comportamiento que, sin violar ninguna prescripción médica y sin descuidar el tratamiento, Despaigne practicaba deportes, asistía a fiestas, montaba bicicleta y realizaba las mismas actividades que otras personas de la sociedad.

Sin saberlo (ni proponérselo) se fue convirtiendo en un símbolo del alcance y del humanitarismo de la ciencia médica en la Revolución Cubana.

Quienes lo conocimos de cerca, sabemos que el cariño hacia Margarita, su mamá, y la devoción por su pequeña hija Elba Daniela, nacida hace siete años, fueron la principal motivación para cuidar lo más preciado: la vida.

Sabía perfectamente que, según publicaciones especializadas, las personas trasplantadas de corazón viven, como promedio, unos cinco años más. Al tocar cima el pasado mes de julio, ya Despaigne acumulaba más de 20 años disfrutando la que él mismo definió varias veces como su "segunda vida".

Un shock séptico, en cambio, se interpuso en su camino este domingo 6 de agosto. Dos días después, familiares, vecinos y pueblo tuneros, daban sepultura a los restos del entrañable hijo de esta ciudad, en el cementerio Vicente García.

Para prestigiosos representantes de la medicina cubana, como el doctor Noel González (quien encabezó aquella exitosa operación), la doctora Elba Garzón (quien le dispensó permanente seguimiento durante años) o los cardiólogos tuneros Roberto Rabert y Santiago Batista… el dolor es tan sensible e intenso como en Margarita Guillén, aún cuando ellos saben que fueron sus manos la segura aldaba de donde se asió aquel niño para escabullirse entre las garras de la muerte y conocer durante veinte años, el privilegio (derecho elemental) de la vida.

Tal vez por ello, en lo más profundo de su pecho, Margarita guarda, virgen e inalterable, la gratitud hacia todos los que le permitieron besar cada noche la frente de Héctor antes de ir a la cama… tal y como, en su momento, han podido hacer los familiares de más de un centenar de cubanos, trasplantados de corazón desde diciembre de 1985.

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