jueves, mayo 04, 2006

 

MAS LIBRES


No sé cuántos periodistas, fotógrafos, camarógrafos, sonidistas, directivos… tendrá la prensa en el planeta.

Tampoco tengo idea de cuántos habrán tenido la oportunidad de sentarse a hablar y a reflexionar verdades en torno a la efeméride de este 3 de mayo: Día mundial de la libertad de expresión.

Lo que sí puedo afirmar es que para un grupo de colegas tuneros (en el oriente cubano) devino excepcional y alentador momento.

Reunidos como siempre, en familia, meditamos una vez más acerca del sofisma que significa en casi todo este mundo el término “libertad de prensa”: frase enarbolada y utilizada por las mismas voces, agencias, transnacionales y amos que pisan, niegan, tergiversan, ocultan, silencian o manipulan la verdad, en perjuicio de las grandes mayorías.

Decir lo que conviene, hasta donde, cuándo y cómo convenga, o no decir sencillamente nada, deviene cada vez más la praxis de “los gigantes de la información mundial”.

Silencio total o tergiversación inescrupulosa, como los que prevalecen en el caso de los Cinco cubanos luchadores antiterroristas, injustamente procesados, sancionados y encarcelados en los Estados Unidos, son elocuente ejemplo de la llamada libertad de prensa o de expresión en sociedades tan supuestamente libres como la norteamericana.

Agresión o bombardeo directo y permanente de información, como los que desata esa poderosa nación contra Cuba por todas las vías desde 1959, fueron también motivo de meditación aquí este 3 de mayo.

Tampoco quedaron al margen las experiencias de Venezuela: tal vez el más nítido ejemplo mundial de guerra mediática sucia y absurda contra un gobierno y contra todo un pueblo, por parte de una minoría dueña de medios de comunicación privados, que ocupan el vergonzoso espacio perdido por partidos políticos desmoralizados, derrotados y sin apoyo popular.

Frente a tales realidades, mis colegas no sólo reiteraron la decisión de seguir haciendo el periodismo digno y objetivo de estos 47 años, sino que también subrayaron la certeza de que, a pesar de nuestras imperfecciones e insatisfacciones, los periodistas y la población de Cuba somos mucho más libres en materia de expresión y de prensa, que quienes viven de esa “historia” en otras latitudes, sin importarles acabar con la Historia y con el mundo entero.

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