lunes, abril 17, 2006
HUELLAS

No tuve la oportunidad o el privilegio de conocerlo.
Aún así desde hace muchos años lo considero parte de mi familia. Debe ser porque familiares me resultaron siempre las imágenes captadas por su lente.
Pueden parecer exageradas estas líneas, pero no tengo la menor preocupación al respecto. Sé que de igual modo piensan miles de cubanos, admiradores de la obra de Raúl Corrales: uno de los fotógrafos más destacados que ha tenido mi país.
Instantáneas como las que logró detener durante el ataque mercenario por Playa Girón y la contundente victoria del pueblo cubano frente a esa agresión (abril de 1961) constituyen verdaderos documentos históricos.
Su fallecimiento, a la edad de 80 años, acaba de conmover a cientos de colegas que ejercen la fotografía de prensa y el periodismo en general. Su sepelio (en la capital cubana, este 15 de abril) devino expresión popular de cariño y de admiración hacia el artista hermano.
Había egresado, muy joven, de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling. Fue editor de fotografía de las revistas INRA y Cuba, así como jefe de la sección de microflim y fotografía de la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. En 1996 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 2005 fue investido con el titulo de Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte.
Pensando en él, viene a mi pensamiento una frase que leí recientemente en algún sitio: “Los hombres no se miden por el tiempo que duran, sino por la huella que dejan”.
Y, aunque será el tiempo quien se encargue de confirmarlo, quienes conocen la obra de Raúl Corrales, saben que su huella será, sencillamente, inmortal.