martes, febrero 07, 2006

 

LA ETERNA VIGILIA DE MARICELA


Mientras observo a las personas que acuden frente a la Oficina de intereses de los Estados Unidos en La Habana, para condenar con su presencia el crimen, el terrorismo y la ignominia contra Cuba y contra el mundo, vuelve a mi recuerdo Maricela Leyva González, una mujer tunera que desde el 6 de octubre de 1976 vive en permanente vigilia.

A partir de aquel día murió la alegría en su humilde hogar. Toda la felicidad familiar ardió, primero en el aire, para sumergirse luego en las profundidades del mar, cerca de una playa paradójicamente llamada Paradiso, en Barbados.

La perversidad del terrorista Luis Posada Carriles, el mismo asesino que hoy goza de impune protección por parte de la Casa Blanca, puso fin aquel día, a la vida de 73 personas (entre ellas la de Carlos Leyva González, hermano de Maricela), al hacer estallar en pleno vuelo a una pacífica aeronave civil de Cubana de aviación.

Era Carlitos una de las más prometedoras figuras del esgrima juvenil cubano, cuyo equipo retornaba con resonantes lauros a la Patria.

“Es el golpe más duro que ha recibido mi familia —me dijo una vez Maricela— Mi madre quedó traumatizada; no pudo volver al trabajo, creía ver a mi hermano en la puerta de la oficina, tal y como él hacía cuando iba a verla allí. Finalmente mamá murió, con aquel inmenso dolor por dentro. Sufrió una trombosis cerebral.

“Mi padre había fallecido, a causa de un infarto masivo, tres años después del crimen. Tampoco había logrado reponerse. Recuerdo que antes del viaje a Venezuela papá se acercó a mi hermano y le dijo: ten mucho cuidado Carlos Chicho (así él le decía), mira que el mundo está revuelto...

“Carlitos le respondió que no se preocupara, que la muerte llega por sí misma en cualquier momento, sin uno buscarla. Y Papá se quedó mirándolo de una manera muy triste, con una expresión extraña, como si se estuviera despidiendo de él para siempre.”

Casi 30 años después, en Maricela prevalece aquella misma mirada (acaso heredada del padre, acaso “de mamá”), sobre todo en días como estos, en que desde la pupila de once millones de cubanos, ella busca en la distancia la silueta cándida de Carlitos, o el veredicto justo de un tribunal que juzgue a criminales como Posada Carriles, aunque jamás resarza la fisura que agrieta en dos el pecho de quienes han perdido a sus seres más queridos bajo la ensangrentada mano del terrorismo.

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